Gracias, pero un amigo hará la traducción

Hace tiempo que no escribía una entrada. He estado un poco ocupado con distintos asuntos, traduciendo, buscando clientes, creando mi página personal, realizando cursos, etc., y había tenido poco tiempo para dedicarle al blog. Esta entrada tiene que ver con un par de situaciones que me ocurrieron en este tiempo y creo que a todos les ha ocurrido en más de alguna oportunidad. Estas fueron dos encargos de traducción pequeños, un resumen de una tesis de grado y un currículum, los que luego de mi respuesta con el presupuesto me dijeron que tenían un amigo quien podría realizar la traducción por lo que mis servicios no serían requeridos. Sin ningún problema acepté respondiendo que estaría disponible si cambiaban de opinión.

En el primer caso, el de la tesis de grado, tenía un lenguaje bastante complicado, puesto que se trataba de veterinaria y contenía muchos tecnicismos. Mientras que en el segundo caso la principal dificultad del CV era la adaptación cultural a nuestro mercado. Para resumir, volví a recibir el primer encargo, el resumen de la tesis. Su amigo, un profesor de inglés (sin menospreciar su profesión) no fue capaz de traducir la página y media solicitada, del currículum no volví a saber.

Estas vivencias, que como expresé anteriormente a todos nos han pasado, me hicieron pensar en que, a pesar de lo antigua de nuestra profesión, aún existe un desconocimiento de ella o que simplemente la gente no le toma el peso a la importancia que tenemos como traductores. Será porque lo que necesitan traducir son pocas páginas o pocas palabras que deciden prescindir de los servicios de un traductor y solicitar que alguien que simplemente sepa inglés dentro de su empresa realice una traducción para ahorrar costo, o por desconocimiento. En segundo lugar pensé si mi respuesta había sido la correcta, simplemente contestar que estaría disponible en caso de cualquier duda o solicitud, tal vez sería mejor educar al cliente que no conoce nuestra profesión. ¿Qué harían ustedes? o ¿qué han hecho en esa situación?

Luego me acordé de un par de de fotos que vi de unos horrores de traducción, los comparto aquí simplemente para que se entretengan un poco.

Cuando participamos en el proyecto de traducción para el libro Por un Chile Verde, lo hicimos con todo nuestro esfuerzo, dedicándole muchas horas a este y creo que el resultado de las traducciones fue bastante bueno. Lamentablemente, los editores del libro dejaron todas las traducciones agrupadas al final del libro y no cada una con su respectivo texto en español; al comienzo de esa sección aparece lo siguiente!!!!!!!!!!!!!!chileverdeEl siguiente me provoca mucha vergüenza ya que se encuentra en un centro de esquí de Santiago, cabe destacar que cada invierno muchos extranjeros visitan los centros de esquí de nuestra ciudad ya que se encuentran solo a un par de kilómetros de la ciudad. Eso sí, la foto me provocó grandes carcajadas la primera vez que la vi, digna de aparecer en MOX.

not to happen

Este simplemente es para reír y preguntarse quién diablos hizo semejante barbaridad, ¿persona o máquina? Traté de usar el traductor de Google para traducir alguno de los platos y lo hace muy bien, tal vez fue durante su periodo beta o simplemente fue alguien armado solo con un diccionario.

restaurantNo solo sucede en Chile. Este último apareció en un periódico en nuestro país en respuesta a otra nota que mostraba los errores en la traducción de un cartel en el famoso funicular de Santiago, otro punto muy concurrido por extranjeros.
lun

Erick Leiva Navarro

Traductor e intérprete inglés-español especializado en informática, economía y finanzas, y en localización de software y sitios web. Mis otros intereses son la música, en especial el rock, la fotografía , gastronomía y coctelería. Además, siempre me han apasionado los idiomas, esto fue el principal motivo por el que entré a estudiar esta carrera que se transformó en una pasión.

5 pensamientos sobre “Gracias, pero un amigo hará la traducción

  1. En varias oportunidades me ha ocurrido una situación similar. La última fue hace muy poco y también era un grupo universitario que necesitaba traducir un texto para su tesis. La persona que solicitaba la traducción ni siquiera pidió un presupueato, sino que simplemente impuso su propio precio el cual era de $800 “la hoja” y eran unas 40 aprox. Pensé que era una broma, pero pensé que de todas maneras sería una oportunidad para darme a conocer, por lo tanto acepté. Al cabo de unas horas, la persona que hizo el encargo de traducción me envía un correo diciendo que un grupo de compañeros que sabían inglés harían la traducción.
    Qué quieren que les diga… Amo mi carreara, disfruto realizando esta labor, pero no existe una verdadera conciencia de lo que nosotros somos profesionales.

  2. Pingback: La semana en 10 entradas (del 6 al 10 de mayo) | Blog de Leon Hunter

  3. Vos sabés, Erick, que hace muy poco fui a una feria de un sector industrial y, conversando con un caballero dueño de una de las empresas que exponía, me pasó algo muy particular. Cuando le ofrecí mis servicios, primero me dijo: «gracias, pero ya hay alguien que se encarga de hacer esas cosas». No dispuesta a dar el brazo a torcer, le di mi tarjeta de todos modos y agregó: «aunque vos sabés que, la vez pasada, por un error de comprensión que nadie notó, en vez de recibir el producto como siempre en bolsas, lo recibimos a granel. Ahora no sé qué hacer con lo que me sobra del producto». Me apareció una sonrisa maliciosa en la cara, inevitable. Eso pasa en todos lados. Otra vez, uno me dijo que «ellos podían realizar traducciones juradas porque habían hecho “eso del First”». Antes de desmayarme, decidí cortar la conversación ahí nomás. Triste, pero a la larga, hay cosas que el cliente aprende. ¡Excelente tema de entrada!

  4. Estimado Erick:

    Déjame decirte que me siento plenamente identificado con esta entrada. Por un lado, en mi vida profesional y cotidiana, he debido enfrentar la incomprensión y la ignorancia de mis vecinos en cuanto a mi profesión. Vivo en un pueblo muy cercano a Temuco, y mis coterráneos menos ilustrados siempre me preguntan qué hago. La mayoría de las veces, confunden traducción con pedagogía. Sin embargo, estoy muy feliz con la traducción, ya que combina mi pasión por los idiomas con mi pasión por el conocimiento enciclopédico. Debo ser uno de los traductores más intrusos que hay en este país, porque en los últimos dos años, desde que egresé de la Universidad Católica de Temuco, he paseado por diferentes temas y en diferentes tenores.
    La comprensión del común de la gente con respecto a nuestra profesión debe ser una campaña de conciencia. ¿Y qué mejor campaña de conciencia, que el mismo trato con los clientes? Sólo con hablar, damos a entender el valor que tiene la traducción en las vidas de la gente, que no podemos darnos el lujo de trabajar por bolitas de dulce, porque al final, las horas del trabajo no valdrían la pena. Y pucha que nos sacamos la mugre para sacar adelante muchos proyectos.
    Ahora, el hecho de que haya gente que da por sentado que por saber inglés es capaz de traducir cualquier mensaje al español, es la peor “misconception” que puede haber en la vida, porque una cosa es saber inglés y otra es saber traducir, y saber traducir es realmente un arte que muy pocos dominamos, y que influye mucho en la calidad del trabajo. Un ejemplo cercano: El hijo de un colega de mi mamá egresó hace muy poco de Pedagogía en Inglés, y él había recibido una oferta para trabajar como traductor en el norte. Veamos cómo le va. Por mi parte, no hago más que decir: “Pucha que está mal pelado el chancho”.
    Felicidades por el blog. Mucho gusto de que haya un bloggero traductor chileno. Muy feliz de leerte, colega.
    Daniel Lara Cid publicado recientemente…ComunicadoMy Profile

  5. ¡Hola Erick! Me pasó algo similar, pero en el rubro de la interpretación. Me contrataron de intérprete de enlace en la Expomin de este año y no dejaban de llamarme traductora y por más que insistí en que era intérprete, mis jefes seguían neciamente cometiendo el error. Al final, no desistí en darles la razón con ese pequeño gran detalle, pero ganas no me faltaron. En fin, educar al cliente es lejos lo más difícil.

    ¡Saludos!

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